martes, 19 de marzo de 2013

El Deseo


Deseo… Un sentimiento carnal, siempre aparece cuando menos te lo esperas. A veces está unido al amor, otras, sin embargo, sólo es cuestión de sexo, de atracción.

Se siente sólo con mirarse el uno al otro, es irracional porque tu cabeza te dice una cosa (lógica)  y tus sentimientos otra. El deseo te impulsa, te invita a disfrutar de tu cuerpo y del suyo. Te dejas llevar… es una forma de coger algo que quieres y hacerla tuya, aunque sea por un breve instante.
Para algunas personas es símbolo de ser esclavos de los sentimientos y causas de sufrimiento, pero también significa felicidad. Es un sentimiento que da chispa a la vida y que nos hace tomar decisiones, a ir hacia un camino o a otro, a elegir a una persona en vez de a otra…

“Aquí estoy en ésta sala llena de gente, pero sólo me fijo en ti, sólo me importas tú. Veo como me miras, a mí y a mi cuerpo… No se puede negar el deseo que sentimos;  va pasando el tiempo, la tensión crece, sólo deseo estar contigo ahora mismo.

Por fin nos marchamos para estar solos, para poder satisfacer nuestro deseo del que sólo será testigo la luna.
Me besas… se desata el deseo y la lujuria. Y sé que ésta noche te tendré sólo para mí. Ésta noche será suficiente, por ahora lo es.
Beberé de ti, me aprovecharé de ti; Sólo quiero tu cuerpo, sólo ésta noche, no te pido más y sé que para ti también es suficiente, sin promesas de amor, sólo deseo.
Disfrutaremos de nosotros, nos dejaremos llevar ésta vez, sin importar el pasado o el futuro, sólo importa el presente, el momento, sólo importas tú”.


martes, 5 de marzo de 2013

Perdida

Salgo a la calle, está nevando... Noto como caen cientos de copos y se derriten cuando tocan mi piel. Miro hacia un lado y hacia el otro buscándote, camino por las calles, mirando todas las caras.... Esperando encontrarte. Pero no te encuentro, por más que camine...


Después de buscarte durante un rato, me doy por vencida. Mientras me paro, mi mente se aclara e intento aceptar que ya no estarás conmigo, que te has ido y ya no volverás. 

Me acuerdo del día en que me miraste a los ojos y me dijiste que te marchabas, que ya no podíamos estar juntos, y que no volveríamos a vernos. No noté en tu voz ni un ápice de duda, ni en tus gestos, ni en tu mirada. No me diste un último abrazo, ni un último beso. Mi mundo se vino abajo, no me lo podía creer, me quedé paralizada en ese momento... Sólo podía mirarte y ver como te girabas y te marchabas por última vez.




Me sentía completamente sola y devastada. Sentía un enorme peso en mi pecho, me costaba respirar y lágrimas por mi cara caían sin cesar. Me daba igual que la gente me mirara al pasar a mi lado, porque te habías ido para siempre y ya nada me importaba.

Ahora solo intentaría vivir el día a día sin ti, no sabía como hacerlo, sólo iba de un lado a otro de forma automática, me sentía como un zombie. Tenía que sobrevivir sin ti, tenía que manejar éste dolor.
Cuando mi cuerpo y mi mente no lo soportaba más, rompía a llorar hasta quedarme dormida. Era la única manera en la que podía dormirme, hasta caer rendida. Tenía que centrarme de ahora en adelante a concentrar este dolor y poder manejarlo, tenia que resistir, me decía eso cada día, por mi familia, por mis amigos... Aunque no sabía si sería capaz de aguantarlo más tiempo, no sin ti.